08 mayo 2007

Soneto para mi muerte

Sigilosa, gélida, sonriente,
vendrá una noche la pálida dama.
Se colará dentro de mi cama
elegante, lúgubre, paciente.

Con su aliento eterno, pestilente,
apagará el calor de mi llama.
Dejará mi cuerpo en mi piyama
y se llevará mi alma hacia el Poniente.

Y no habré de despertar de ese sueño
y sé que sería un desatino
cerrar mis puños, fruncir el ceño.

¿Qué hay quien ose torcer el destino
por creerse del suyo el dueño
si ya está escrito el final del camino?